¿Elecciones? Una pregunta

El próximo domingo, 16 de junio, los ciudadanos de Guatemala participarán en una actividad cívica, y es la elección de quien será el presidente constitucional de la república de Guatemala.

Roberto Arzú, Freddy Cabrera, Thelma Cabrera, Pablo Ceto, José Luis Chea Urruela, Edwin Escobar, Julio Estrada, Isaac Farchi, Estuardo Galdámez, Aníbal García, Alejandro Giammattei, Manfredo Marroquín, Benito Morales, Ed Mulet, Amílcar Rivera, Danilo Roca, Sandra Torres, Luis Velásquez y Manuel Villacorta son los postulantes a la primera magistratura del país.
Fue rechazado Carlos Cerezo Blandón y se revocaron las candidaturas de Mauricio Radford, Mario Estrada, Maité Ríos y Esperanza Aldana, mientras que Juan Eggenberger declinó de participar en la contienda.
No se concretaron las candidaturas de Manuel Baldizón, Alfonso Alonzo, Jorge Pérez, Eric Súñiga, Nineth Montenegro, Luis Fernando Montenegro y Ricardo Méndez Ruiz.

La democracia cobra sus víctimas entre aquellos que posibilitan su propio deterioro hasta el final.

José Miguel Argueta

La cantidad de participantes para sentarse en la silla presidencial implica que el Estado de Guatemala carece de un gobierno frugal y el derroche de recursos públicos.
A diferencia de otros Estados, que procuraron siempre la prosperidad de los ciudadanos, el número de aspirantes a cargos públicos en el territorio de Guatemala fue disminuido, desde su fundación, en un setenta y cuatro por ciento; sus bosques, talados; sus recursos, saqueados; su agua, contaminada y desperdiciada; y su población, aumentada en un ocho mil por ciento.
Ninguno de los ciudadanos mencionados anteriormente tiene siquiera la noción de lo que las acciones políticas de un Estado causan en la vida de una nación cuya podredumbre es manifiesta desde que abrimos los ojos cada mañana.
Desde cualquier punto que se vea la situación, económico, político, jurídico o social, la función y constitución de la República de Guatemala fue severamente dañada e intervenida por la mano criminal de sus ciudadanos, todos, sin que aquellos que proclamaban poseer un poder público pudieran acaso defender su ciudadanía.
La encrucijada a la cual se llegó en el 2019 es responsabilidad de su población, y el experimento histórico comprobó que en Guatemala no existe la noción de elección, sino una concatenación de hechos previamente planificados para determinar quién entra o sale de la acción privada para nacer a la vida pública.
No elegimos absolutamente nada. La democracia cobra sus víctimas entre aquellos que posibilitan su propio deterioro hasta el final.
Todos quieren vivir a expensas del Estado, olvidando que bajo esa hipóstasis son los candidatos electos los que viven a expensas de todos.
La locura constitucional crea amnesia del ser como pueblo y la riqueza de vida perdida porque los inteligentes votan por los negligentes cuya demagogia viene patrocinada por la filantropía y el altruismo del totalitarismo enquistado en las venas de esclavos.
Source: PrensaLibre

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